Sesiones de coaching y terapeuta gestalt en Barcelona

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¿Qué tanto sufrimos por no comprender la vida? ¿Podríamos ser más felices si no exigiéramos a la vida lo que no puede darnos? ¿Qué reglas básicas parece que no hemos comprendido aun? Con frecuencia soy testigo en primer persona de cosas que me suceden a mi y a los demás que me hacen plantearme estas preguntas del crecimiento personal.

Por formación profesional, como terapeuta gestalt y coach, tengo claro que en muchas ocasiones no logramos vivir felices debido a que inconsciente e imperceptiblemente tenemos o creamos dificultades. Me refiero a dificultades a la hora de discernir los pensamientos útiles para nuestros propósitos de los que no lo son; además de la dificultad para posteriormente materializarlos en acciones concretas y coherentes. Pero el sufrimiento del que ahora hablo tiene un origen más profundo, donde no se trata de pensamientos y acciones específicos sino de las grandes comprensiones que hay detrás. Dichas comprensiones pueden estar de acorde con las evidencias de la vida…. o no.

Antes de continuar he decir que comprensiones son diferentes al entendimiento. El entendimiento sucede solo a nivel intelectual, y punto; mientras que la comprensión implica todo nuestra personalidad (emociones, cuerpo, instinto) y está en armonía con el entorno de tal forma que no hay conflicto alguno. Todos hemos experimentado momentos de comprensión; es ese momento en que nuestro interior hace un“click” profundo que cambia la visión que teníamos de algo.

Todo está en movimiento, todo cambia con el tiempo. La vida es vida porque hay movimiento que implica cambio. Ningún objeto bajo el sol está inmóvil: los reinos minerales, vegetales y animales se mueven sin poderse detener. El movimiento constante de la naturaleza nos afecta tanto en sus fluctuaciones cíclicas como en sus movimientos organísmicos puntuales. De la misma forma, los humanos estamos destinados a experimentar cambios consabidos (nacimiento, crecimiento, envejecimiento y muerte) así como cambios inesperados y puntuales. Querer que la vida (en sentido amplio o en sentido individual) no cambie, es apegarse a un absurdo que nos genera sufrimiento cuando intentamos impedirlo. Comprender de verdad que todo está sujeto al cambio en un sentido u otro, nos hace estar con los pies en la tierra en este mundo, en vez de estar con los pies en las nubes de un mundo imaginario.

En ocasiones con el cambio se gana y en ocasiones se pierde. Como individuos particulares a veces percibimos los cambios que (nos) suceden como favorables o desfavorables. Podríamos considerar normal que nos encante tener la buena suerte de que la vida, Dios, el destino, o como tu quieras llamarle, nos sonría, y que nos disguste lo contrario, pero lo que claramente es un absurdo y un síntoma de una escasa comprensión es esperar que siempre salgamos beneficiados de los inevitables cambios. Por supuesto que has de disfrutar tus victorias y alegrías, no estoy diciendo lo contrario, solo digo que has de estar preparado para aceptar los giros indeseados que tu vida dé, ya que pueden no ser pocos. Esta comprensión te ayudará a llevarlos con más calma y serenidad, aunque conlleven tristeza.

No eres el centro del universo. Si has comprendido que todo cambia y que uno no siempre sale beneficiado con los cambios, no necesitas más explicaciones. En cambio, creer y actuar, aunque sea inconsciente y veladamente, como si la vida estuviese puesta enteramente a tu servicio y por encima de los demás, es una creencia plagada de ignorancia, egocentrismo, carente de comprensión alguna, que proviene de la infancia y que cada vez perdura más años incluso en la vida de los adultos. Sin duda alguna eres el centro de tu universo y eso te da un gran potencial para intentar materializar tus necesidades y tus sueños haciendo grandes cosas con todo aquello que está en tu área de influencia, claro que sí. Pero de ahí a sentirte el centro del universo hay un abismo mal entendido en los ámbitos de crecimiento personal.

Lo que hay, es lo que hay. Esta obviedad se nos pasa por alto cada vez que actuamos como si lo que hubiese fuese distinto de lo que en verdad hay. Y no me refiero solo a nivel físico (objetos, personas, circunstancias), muchas veces en terapia se ve a gente negando cosas inmaterial como emociones, pensamientos o sensaciones recurrentes ya que juzgan que no son buenas, que no son socialmente aceptables o que simplemente no se corresponden con su auto-imagen asumida. Así se magnifican innumerables conflictos internos que solo pueden comenzar a desatorarse cuando en parte se reconoce y comprende que la veracidad requiere valor para aceptar lo que hay, sin mas tapujos.

El conocimiento que tenemos es limitado. Es evidente que como humanidad vivimos en una era de información como nunca antes. Internet muestra detrás de un click más conocimiento que el que impreso en las bibliotecas. Desde esta realidad, en ocasiones no aceptamos con facilidad no saber con certeza qué es lo que sucede, lo que hay que hacer ante las situaciones o retos que se presentan o ante situaciones de futuro. Nos exigimos inconscientemente a nosotros y a expertos (doctores, autoridades, investigadores, meteorólogos, analistas, gobiernos, economistas, y un largo etc.,) que sepamos más de lo que sabemos. Comprender que el conocimiento tiene limites (aunque se vayan ensanchando) implica mantener un punto de sencillez, de humildad que nos hace ser realistas y comprensivos.

Tu y la vida misma son un misterio. Cuando reconocemos que en relación a nuestra propia naturaleza humana -y el surgimiento de la vida y la conciencia- vuelve a haber unos límites de conocimiento que dejan sin respuesta las preguntas más profundas, comprendemos que nuestra existencia es en su mayor parte un misterio. ¿Acaso sabemos con certeza qué hay antes del nacimiento o después de la vida? ¿Sabemos dónde surge la conciencia? ¿Reconocemos qué es exactamente el “yo” que tanto nombramos? ¿Sabemos sin duda alguna si existe el destino, el libre albedrío o una mezcla de ambos y cómo operan? Seguramente cada persona tiene tus propias respuestas, respetables sin duda alguna, pero son creencias personales más que afirmaciones objetivas. Comprender que somos un misterio es un punto de partida que nos permite estar abiertos para afrontar -desde el respeto, el asombro y la aceptación- las sorpresas que se van desenvolviendo conforme avanzamos por una vida que no sigue un guión conocido.

Es fácil entender los conceptos arriba descritos, pero nuestros actos y actitudes no siempre demuestran que los comprendemos.

La temática de este artículo está relacionada a las sesiones individuales de crecimiento personal que ofrecemos en Espacio Impulso.

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Fundador y Co-Director de Espacio Impulso
Coach, Terapeuta y Profesor de Yoga.

www.espacioimpulso.es

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