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Pregunta clave del coaching para todo trabajador (o emprendedor), pensada para ayudarle a anticipar y evitar las dificultades que pueden surgir en su trabajo o proyecto. Aprende a ir mas allá utilizando esta pregunta y entiende todas sus implicaciones.

La pregunta puede parecer pesimista al poner en énfasis en lo negativo, sin embargo su virtud está en la anticipación pues ayuda a contrarrestar la arraigada costumbre de ir “a salto de mata” que se traduce en problemas, estrés y pérdidas de valiosos recursos.

Uno de los defectos compartidos por casi todos los emprendedores y apasionados de su trabajo es que se enamoran locamente de su proyecto: lo consideran fantástico e infalible. Desde este punto de vista sesgado, ven con nitidez todas las razones por las cuales su destino no es otro que el éxito. Sin duda es verdad que trabajan duro para ponerlo en marcha y se esmeran en hacerlo aun más fantástico por medio de mejorar la idea, pulir los detalles y, sobre todo, hacer más grande su atractivo de cara a los clientes potenciales. Hasta aquí no hay nada de malo, todo lo anterior es necesario (incluso un cierto grado de amor hacia el proyecto para extraer fuerzas extras cuando las horas de trabajo necesarias para hacerlo realidad se multiplican). Y aun así, con eso no es suficiente para garantizar su éxito.

Todo directivo se debe preguntar más temprano que tarde “¿qué puede ir mal?” o dicho de otro modo: “¿De dónde pueden surgir obstáculos inesperados?” “¿Qué doy por hecho que puede que no sea así?” “¿Cuáles son los factores más peligrosos a los cuales se enfrenta el proyecto y de qué dependen en última instancia?” Si dichos factores fallan una vez puesta en marcha “¿cómo se podrían corregir?” Este tipo de preguntas que usamos en el coaching y en la formación permiten anticiparnos a dichas dificultades y buscar la forma de minimizarlas desde el inicio del proyecto y no cuando se está de cara ante ellas en la realidad.

Los factores que determinan el destino de cualquier negocio son muchos y sus dificultades pueden surgir desde diferentes ámbitos, algunos de ellos totalmente inesperados. Ya puestos a abrir la caja de las dudas y a plantearse abiertamente qué puede ir mal, vale la pena tener en cuenta los siguientes puntos de donde pueden surgir dificultades:

  • Factores individuales relacionados al emprendedor (y por extensión a su equipo de colaboradores). Implican su conocimiento, recursos, aptitudes, actitud, grado de resiliencia, disposición de tiempo, contactos, gestión del estrés, etc. ¿Cuál de estos puede ir mal?
  • Exigencias de logística. Se refiere a los mecanismos y procedimientos necesarios para administrar correctamente el negocio. La mayoría de emprendedores no se imaginan la complejidad que esto puede implicar ni el tiempo que puede llegar a consumir.
  • Especificaciones del cliente. Cada negocio tiene un tipo de cliente concreto. No conocer bien su perfil, sus hábitos y la forma correcta de acceder a él puede hacer que el mejor proyecto fracase. Vale la pena preguntarse ¿Qué tan bien conozco a mi cliente potencial?
  • Factores del entorno o culturales. Se refiere a dificultades que puede poner directamente o indirectamente el entorno para aceptar el proyecto. A nivel más amplio (cultural), sería el grado de aceptación que mayoritariamente despierta el negocio en la sociedad. Esto afecta sobre todo a los proyectos innovadores.
  • Aspectos económicos. La necesidad de ingresos, por un lado, y de capital, por el otro, tomando en cuenta el tiempo y la evolución estimada de su desarrollo, las formas de conseguir capital extra si fuese necesario, las consecuencias que esto implicaría, etc. Normalmente todos los planes de empresa consideran ampliamente este aspecto.
  • Factores industriales o de mercado. Afectan el funcionamiento del mercado en el cual se inserta nuestra empresa.
  • Factores legales. Limitaciones y requerimientos de obligado cumplimiento (si no quieres tener problemas).

Una vez hecha la valiente pregunta y respondida a corazón abierto (de ser posible con la ayuda de otras personas que no intervengan en el proyecto para que las respuestas sean más imparciales) se pueden hacer varias cosas en paralelo. Uno, corroborar con las personas directamente implicadas en la dificultad (clientes, entorno, autoridades, etc.) si dichos obstáculos imaginados podrían en realidad torpedear el sueño (tal vez no es para tanto o no como nos lo imaginamos). Dos, en caso afirmativo, se busca la forma de minimizar, sortear o solucionar las dificultades desde el inicio. En algunas ocasiones hacerlo implica replantear parte importante de la idea central, pero créanme, es mejor hacerlo ahora que no más adelante, cuando ya se haya invertido más tiempo, dinero y energía. Tres, ver cómo la competencia soluciona el tema. Cuatro, consultar a expertos en el tema (la experiencia es un grado). Y cinco, siempre que sea posible, hacer una prueba de negocio a muy pequeña escala para ver si las dificultades previstas aparecen y cómo se comportan. De esta manera se logra extraer conocimiento experimental que permite reorientar la idea lo necesario y se facilita el camino de su correcta implementación.

Se valiente y solo por esta ocasión piensa mal. Como bien dice el dicho “mas vale prevenir que lamentar”. No dejes que tu negocio o proyecto se encalle por falta de anticipación. Si lo necesitas, consúltanos, con gusto te llamaremos para ayudarte en temas de coaching para empresas y emprendedores o formación.

FIN

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Fundador y Co-Director de Espacio Impulso
Coach, Terapeuta y Profesor de Yoga.

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