Sesiones de coaching y terapeuta gestalt en Barcelona

Nuestro Blog

Muchas sesiones de terapia gestalt giran entorno al tema de los conflictos interpersonales. Cada conflicto tiene su propia historia, sus actores y sus particulares factores que lo crean y alimentan. Sin embargo siempre hay un ingrediente común: al menos una de las personas implicadas siente que ha sido injustamente perjudicada. En las relaciones habría menos sufrimiento y conflictos si lográsemos ser más objetivos a la hora de juzgar nuestros actos y los ajenos, independientemente de si somos nosotros o los demás los perjudicados, es decir, si lográsemos usar una sola vara para medir TODOS los actos, palabras o daños.

Ya sea por conveniencia deliberada o por amor propio inconsciente, estamos tentados a juzgar nuestros actos como más virtuosos de lo que en verdad son (excepto en casos de muy baja autoestima que siempre perciben lo ajeno como mejor que lo propio). En cambio, las acciones ajenas están destinadas a ser más imperfectas con lo cual resulta fácil pensar que es el otro el que se equivoca en las decisiones, el que no se entera, “el malo de la película”, el que no cumple los acuerdos pactados, el egoísta que solo piensa en sí, el injusto a la hora de recompensar, el que hace menos por el grupo, el que dificulta la relación de pareja, el que no reconoce todo lo que hacemos, etc., etc.

Podemos tener estas impresiones incorrectas debido a lo que en la terapia Gestalt se llama proyecciones, es decir, formas de actuar o pensar que uno manifiesta pero sobre las cuales uno no puede responsabilizarse, motivo por el cual se acaban proyectando (colocando) en otras personas. También podemos medir con dos varas por simple astigmatismo (en términos de Gestalt, “falta de conciencia”) que nos impiden ser ecuánimes y objetivos. Astigmatismo, he de decir, que se hace cada vez más grande conforme nos resulta cómodo tener alguien a quien culpar.

Para cambiar esta injusta tendencia y crecer es necesario reflexionar, tomar distancia en relación al asunto que nos concierne para así poder tener una visión panorámica con la mayor cantidad de detalles, incluidos aquellos que indican que uno también crea y mantiene el conflicto (es decir, el que toma decisiones equivocadas, el que no se entera, el “malo de la película”, el que no cumple los acuerdos, el egoísta, el injusto a la hora de recompensar, el que hace menos por el grupo, el que boicotea la relación de pareja, etc., etc.) pues solo cuando nos responsabilizamos por nuestra parte, podemos hacer algo para solucionarlo. Pero esto no es suficiente: es necesaria una buena dosis de humildad y de valentía para aceptarlo ante nuestro interlocutor. Cuando queda sentada esta base, con el ejemplo propio por delante, le abres el camino al otro para que también deje atrás el contraataque automático en el cual posiblemente está instaurado y dé un paso hacia esa misma reflexión. Solo así se puede dar un trato justo al conflicto.

Por último, para que futuras chispas de conflicto no terminen siendo hogueras descontroladas y para que la doble vara de medir quede enterrada definitivamente, lo que es útil es usar la memoria antes de hablar, reprochar o culpar para recordar cómo hemos actuado en el pasado ante situaciones similares especialmente cuando no hemos sido nosotros los perjudicados, ¿cómo hemos actuado entonces? ¿Hemos sido tan considerados como ahora nos gustaría que fuesen con nosotros? ¿Hemos sido impecables con nuestra palabras y los actos? ¿Hemos sido comprensivos y justos? Si la respuesta es no, mira donde tienes escondida aun esa segunda vara.

Fundador y Co-Director de Espacio Impulso
Coach, Terapeuta y Profesor de Yoga.

www.espacioimpulso.es

Comentarios ( 0 )

    Deja un comentario

    Tu e-mail no será publicado. Introduce los campos obligatorios *