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Los estados de ánimo influyen en el desempeño laboral y condicionan el rendimiento. A su vez, las emociones muchas veces tienen su origen en el ámbito laboral: estrés, valoraciones negativas, conflictos con los colegas, etc. nos afectan y condicionan, lo que puede llevar a estados emocionales colectivos que son más difíciles de abordar.

Las Emociones de la Empresa

Los estados de ánimo influyen en nuestro desempeño laboral y condicionan nuestro rendimiento. Afortunadamente, hace mucho tiempo se dejó de creer que el éxito laboral dependía sólo de la capacidad técnica y el conocimiento profesional de las personas. Ahora sabemos que las emociones juegan un papel fundamental; están en la base de todas las decisiones que tomamos y afectan a la calidad de las relaciones, las actitudes, la forma de gestión y las previsiones de futuro auto-generadas.

Como ya hemos dicho en otros artículos, las emociones son el motor que impulsa a la acción y pueden ser una guía que nos orienta a vivir mejor en todos los ámbitos de nuestra vida, y el laboral es uno de ellos.

Las emociones pueden desencadenarse en situaciones desligadas del trabajo, sin embargo, es común que el individuo no pueda separarse de ellas mientras está desempeñándolo. En otras muchas ocasiones, las emociones tienen su origen en el propio ámbito laboral: estrés, valoraciones negativas que el propio individuo hace y recibe, interacción conflictiva con los colegas, entre otras, nos afectan y condicionan. Junto con estos factores individuales hay que destacar la delicada situación que viven las organizaciones en este momento: cambios, incertidumbre y en muchas ocasiones amenazas de despidos.

Por si lo anterior no fuera suficiente, recientemente, una investigación empírica realizada por IESE Business School y la consultora Sunion ha puesto de manifiesto que con el tiempo se generan estados emocionales colectivos en el trabajo, afectando, para bien o para mal aun más los resultados, las relaciones, la forma de gestión y las actitudes. El problema está en que cuando se trata de estados colectivos destructivos, dichos estados son mucho más difíciles de abordar que las emociones individuales.

Según el modelo elaborado por Javier Fernández Aguado, Socio Director de MindValue, los posibles estados de ánimo de los equipos se reducen a cinco: miedo, enfado, tristeza, alegría y estabilidad, pero sus dimensiones derivadas son muchas y dependen del carácter y tendencias de cada persona. De esta forma podemos entender que dentro de una misma organización, la llegada de una noticia que sea vivida con enfado, produzca reacciones distintas en cada persona que pueden teñirse de rechazo, ansiedad o estrés, lo cual crea un complejo mapa emocional colectivo, difícil de solucionar y que, mientras dure, afecta el buen funcionamiento y el cumplimiento de los objetivos propuestos por la organización.

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Las emociones son estudiadas desde campos de conocimientos cada vez más amplios como la psicología, las neurociencias, la antropología etc. Todos los descubrimientos y avances hechos en este apasionante tema, han ido dotando a la disciplina transversal del coaching de más y mejores posibilidades para formar a los trabajadores y las organizaciones en la mejora de los complejos procesos emocionales que viven, siendo la finalidad última, fomentar el bienestar humano que permita la màxima expresión de su potencial.

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Fundador y Co-Director de Espacio Impulso
Coach, Terapeuta y Profesor de Yoga.

www.espacioimpulso.es

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