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La felicidad está en el podio de las cosas más valoradas y deseadas en la vida. Es un motor y una meta compartida. Pero es un meta llena de riesgos y confusiones que nos pueden llegar a contrariar e incluso crear infelicidad cuando son malentendidos.

La publicidad nos quiere hacer pensar que la felicidad es un estado derivado de tener cosas y experiencias. Es un cliché decir que tal presunción es falsa, pero aun así caemos en este engaño mucho más de lo que pensamos. Sin darnos cuenta vinculamos la idea de tener y de hacer, pensando que si tenemos mucho -dinero, propiedades y posesiones- podremos hacer siempre todo lo que queramos y seremos felices. Bajo esta confusión se tienen todas las papeletas para sentir insatisfacción constante ya que nunca nadie logra que las cosas siempre sean a su entero agrado.

Afortunadamente cuando la mayoría de la gente reflexiona al respecto reconoce con facilidad que la felicidad está en última instancia más cerca del “ser”, lo cual es más duradero e intrínseco, que del “tener”. Reconocemos que tiene más que ver con nuestro interior, con ser uno mismo, con desarrollar nuestro potencial, con la auto-estima, con darle sentido a nuestra vida, con ser cariñosos con las personas que nos rodean, con aportar valor a la sociedad, con ser coherentes. Aun así, en el día a día nos es habitual acabar corriendo como locos, abrumados y agobiados buscando cosas y experiencias, es decir buscando que el “tener” y el “hacer” nos hagan felices, y olvidándonos de “ser”. ¿Porqué? La razón exacta la desconozco, pero fantaseo que tiene que ver con algunas de estas cosas:

Ejemplos de vida a nuestro alrededor. Escasean las referencias de personas que sean felices “siendo”, en cambio abundan los ejemplos de personas que sienten tener motivos para no ser felices hoy aunque digan estar en el camino de serlo algún día cuando consigan “x”. Así que una muy buena cosa que puedes hacer para promover tu felicidad es convivir con aquellos que son felices y aprender indirectamente de su ejemplo.

Miedos que obstruyen la felicidad. Más fuertes que el razonamiento y muy bien escondidos, el miedo a no tener, a la escasez, a lo que digan los demás, a dejar que la vida transcurra fuera de nuestro “control” imaginario, y, en un nivel superior, miedo incluso a la felicidad misma. Todo lo anterior nos condiciona veladamente. Como señala la terapia gestalt, mientras que estos temores no sean afrontados, nos seguirán dominando y limitando.

Los pensamientos que acaban anidando en la cabeza. Con todo lo anterior, y empujados por la publicidad y las odiosas comparaciones, los pensamientos que acaban acaparando nuestra atención (y a los cuales nos acostumbramos y les damos damos vueltas y vueltas) no son generadores de una actitud pro-activa que busque promover la felicidad interior sino la dependiente. Una vez esto sucede, la trampa invisible se auto-sostiene y solo se ve en momentos de reflexión o con la ayuda de otras personas. Es como una mentira que tras repetirse mil veces pasa a considerarse verdad.

Trascender los malentendidos requiere esfuerzo y trabajo interior. Cambiar la visión y la actitud predominante de la felicidad por una visión saneada requiere de un trabajo personal que implica reflexión, conciencia, discernimiento, valentía y ciertas renuncias, por lo que no es fácil. Incluso por momentos es doloroso, así que por mas benéfico que resulta realizar esta transformación hay quieres tal vez prefieren seguir funcionando como en la actualidad (al fin y al cabo también están ya acostumbrados).

A pesar de todo lo anterior muchas personas avanzan en estas reflexiones y van a su ritmo desenmascarando los engaños de una felicidad mal comprendida. A la hora de establecer sus prioridades de vida, más y más gente ha comprendido porqué en la cima de la pirámide de Maslow se encuentra la auto-realización y no la felicidad: La felicidad intrínseca solo puede ser consecuencia de avanzar en la auto-realización, la sanación y el crecimiento personal, y no de las propiedades materiales.

Dicha comprensión representa un cambio en el enfoque de vida que mejora la manera de ser y de estar, los pensamientos, las emociones habituales y los actos que hacemos. Y en cuanto a la felicidad extrínseca, es decir originada por cosas externas, solo cuando se ha interiorizado dicha comprensión se pueden seguir deseando tener cosas materiales y experiencias, comprendiendo la escala o tipo de felicidad real que puede esperarse de ellas, es decir, una felicidad temporal que volverá eventualmente a diluirse, conduciéndonos de nuevo a la casilla de salida. Entenderlo con claridad nos permite no pedirle “peras al olmo”.

Otra consecuencia de esta compresión es evitar perder de vista la razón por la cual deseamos lo que deseamos. Con frecuencia dejamos de percibirlo como un medio para ser felices y lo convertimos en una finalidad en sí. Cuando esto sucede, ya no queremos el teléfono, el coche o el viaje por que nos hará mas felices, sino que simplemente los queremos, y al no tenerlos, somos infelices. La incongruencia salta a la vista: quieres algo para ser mas feliz pero al no tenerlo eres infeliz.

Ojalá y cada uno valore a conciencia qué metas quiere tener en su vida y que actúe en consecuencia hasta que sean realidad. En cuanto a la felicidad, se trata más de “ser” y de comprender cómo fomentarla cada vez con mayor acierto y madurez. Si alguien desea ser acompañado en el proceso de promover su felicidad y crecimiento personal, tiene a su disposición sesiones individuales de terapia gestalt en Espacio Impulso. Pide una sesión informativa. 

Fundador y Co-Director de Espacio Impulso
Coach, Terapeuta y Profesor de Yoga.

www.espacioimpulso.es

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