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El peso de la palabra del líder es de vital importancia según el coaching para el buen funcionamiento de su equipo y para la implicación de sus colaboradores. ¿Qué puede llevarlo a perder legitimidad? En su forma de ser ¿qué errores dañan su credibilidad sin que se dé cuenta?

Todos hemos visto que un responsable de equipo no siempre sabe ser el líder. El responsable de equipo ejerce sus funciones a nivel operativo, mientras que el verdadero líder, es un coach que ejerce desde un lugar más profundo, dando un ejemplo invaluable que genera confianza, entrega y demás cosas buenas que marcan la diferencia en la implicación, rendimiento y cohesión de su equipo.

Suponiendo que todos los responsables aspiran a ser líderes, una de las peores cosas que les puede pasar es que su palabra deje de ser creíble. Cada vez que sus acciones van en un sentido distinto de sus palabras; cada vez que su equipo percibe incoherencias, precipitaciones o superficialidades en su comunicación, su equipo se desconcierta, desanima, desespera y desconecta de su misión colectiva e individual. Esto, llevado a un extremo, conduce al equipo a dejar de creer en él de forma permanente.

Desafortunadamente, en muchas ocasiones este desencanto se va produciendo paulatinamente, debido a pequeñas acciones que incluso pasan desapercibidas al propio responsable de equipo pero que sí son detectadas por sus colaboradores y por un coach. ¿A qué tipo de acciones me refiero? ¿Qué ha de tener muy presente el líder para intentar mantener su palabra intacta? Aquí menciono algunos aspectos:

No dejarse empujar por la incomodidad que da la incertidumbre. El responsable no puede saberlo todo a la perfección, pero sí ha de saber sostener la incertidumbre para no precipitarse en la definición de las soluciones necesarias, pues de lo contrario, las soluciones erróneas acaban girándose en su contra y obligadolo a cambiar su palabra y dañando su credibilidad ¿Cuántas veces no hemos visto casos así? Mejor forzar una espera más larga y no una respuesta prematura y que no pueda mantener.

Tener inteligencia emocional. Al líder, como a todos, lo mueven las emociones y sucesos externos, así que es comprensible que un día esté de mejor humor que otros. Pero cuando esta fluctuación emocional es constante o muy acentuada, genera desconcierto y acaba siendo percibido como alguien en cuya palabra y forma de ser no es de fiar.

Saber sostener la presión. Los líderes han de saber mantener la templanza en momentos difíciles para no dejarse llevar por impulsos que les hagan decir o hacer cosas que hieran a sus colaboradores. El líder no ha de traspasar la presión injustamente (es la palabra clave) para librarse de las consecuencias negativas ya que cuando esto sucede, su equipo percibe injusticia en sus palabras y juicios.

Afrontar y ser coherente con los conflictos relacionales que existen en su equipo. No hay equipo exento de fricciones entre si, así que su responsable ha de saber que la manera de solucionarlas no es evitándolas, ni parchándolas, sino afrontándolas y siendo coherente con lo que la situación requiere (dialogar, negociar, delimitar, ceder, etc.)

Saber decir que no. Para el líder es vital saber escuchar a sus colaboradores e intentar mantenerlos motivados y contentos, pero si esto se traduce en una dificultad para decir “no”, el líder puede meterse en apuros para mantener su palabra y su neutralidad ante todos, ya que no puede parecer que favorece a unos por encima de otros. Esto sucede a menudo cuando se enlazan amistades en el equipo y se acaba diluyendo la diferencia entre la esfera personal y la profesional.

Reconocer cuando se equivoca y tener memoria. Es enorme la diferencia entre la respuesta que dan los colaboradores cuando el líder acepta que se ha equivocado o cuando intenta culpar del fracaso a alguien o algo. Puede intentar engañar(se) pero su entorno lo detecta enseguida, así como detecta cambios en que dice. No se trata de ser infalible en la palabra (se entenderá que desafortunadamente hay situaciones incontrolables que lleven a un líder a incumplir su palabra) sino de evitar aquellos cambios que parecen fortuitos y que los colaboradores no lograrán entender. Todo esto tiene que ver con el ego, con la consciencia, pero la evidencia demuestra que se aprecia mucho más a un líder por ser humano y coherente, que por querer mostrarse perfecto e inequívoco.

El valor que tienen las cosas. La búsqueda de los mejores resultados económicos para el equipo o la empresa no debe nunca tener un coste humano para los colaboradores en términos de pérdida de respeto, salud mental, agotamiento (burn-out). A largo plazo la inspiración que genera un líder y el peso de su palabra sale reforzado solo si tiene claro cuál es el valor justo que tiene los logros materiales comparado con las personas y los valores humanos, por mas que otras personas le digan lo contrario.

La temática de este artículo está relacionada al área de coaching laboral y de formación en liderazgo que se ofrece en Espacio Impulso.

Fundador y Co-Director de Espacio Impulso
Coach, Terapeuta y Profesor de Yoga.

www.espacioimpulso.es

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