Sesiones de coaching y terapeuta gestalt en Barcelona

Nuestro Blog

La vida humana esta llena de graciosas paradojas en ocasiones tan bien creadas que pasan desapercibidas: creemos fielmente cosas que no son ciertas; vivimos con un constante punto de ceguera el cual ni siquiera reconocemos; creemos que somos libres por no estar dentro de una prisión física, pero somos prisioneros de condicionamientos que podemos reconocer más fácilmente con la ayuda del otro.

Cuando hablo de condicionamientos me refiero a mecanismos y hábitos automatizados. Pero no hábitos relacionados a pequeñas y simples cosas, no, ojalá fuera así, sino a condicionamientos que afectan la forma de pensar, la manera de gestionar las emociones, de tratar nuestros instintos y tendencias naturales, de definirnos como individuos y, por supuesto, la forma en que plasmamos acciones de todo tipo (laborales, relacionales, afectivas, personales etc). Así que las implicaciones son considerables sobre todo cuando se observan desde el prisma de la felicidad, es decir, ¿son mecanismos constructivos de mi felicidad o infelicidad? ¿Puede ser que yo mismo esté manteniendo, por puro automatismo, acciones y formas de ser que me alejan del bienestar y me traen dificultades?

Por poner algunos ejemplos que se ven habitualmente en la terapia gestalt, una persona que a lo largo de su crecimiento aprendió a desconfiar de los demás seguramente lo hizo como una forma de protegerse de un peligro percibido, el cual, posiblemente ya no exista. Sin embargo su costumbre continua e impregna desde su  pensamiento hasta sus acciones, llegando a un punto donde no puede tener una primera aproximación a las personas y circunstancias libre de sospecha. Las personas en su entorno lo perciben y a su vez se sienten alejados de ella, motivo por el cual ella confirma su desconfianza, cayendo así en un ciclo negativo en términos de felicidad, donde puede crecer una sensación de injusta soledad, por no hablar de otras consecuencias implicadas como un estado continuo de alerta y de estrés presentes en su cuerpo.

Otro ejemplo, aquel que a pesar de ser muy capaz siempre ha sido duro consigo mismo y se ha desvalorado. Tal persona tiene la costumbre de no ver las cosas que hace bien y solo reconoce las que no. No sabe darse una palmada en la espalda, ni recibir un feedback positivo de los demás sin boicotearlo. Su relación con la felicidad será más de un anhelo que de una realidad. Y su condicionamiento se manifiesta además en otros ámbitos que le acarean una forma de ser que le produce insatisfacción: posicionarse ante los demás con debilidad, una negación constante de sus potencial, relaciones sociales desequilibradas, etc.

Lo peligroso de los condicionamientos es que se han consolidado tan sutilmente que acabamos acostumbrados a ellos hasta el punto de no lograrlos reconocer. Nos conducen a ser, interpretar las cosas y actuar de formas concretas, pero nos son invisibles. A tal punto nos juegan una mala pasada que en ocasiones la historia que nos contamos a nosotros mismos sobre cómo creemos que somos y actuamos (es decir la auto-imagen de la terapia gestalt) está totalmente apartada de la forma en que los condicionamientos inconscientes nos hacen actuar. Y cuando por fin logramos verlo, nos requiere un esfuerzo reconocerlos y modificarlos.

La Mirada del Otro
Por todo lo anterior, para soltar esos lastres de vida y para seguir avanzando en la comprensión justa de lo que somos y lo que no, es muy útil, tarde o temprano, abrirnos a la mirada ajena. Esto implica humildad y valentía. ¿Qué me dicen los demás reiteradamente que a mi me cuesta reconocer? ¿Qué  me devuelven las personas de mi entorno sobre mi que me sorprende? ¿Qué ven ellos de mi con claridad que yo no registro?

En los ejemplos mencionados, la persona que desconfía de todos puede que solo logre ser plenamente consciente de ello tras escuchar a varias personas mencionándole, una y otra vez, ese punto ciego que la condiciona y le aporta consecuencias negativas. Solo entonces estará mas receptiva y alerta para iniciar el camino de dejar de desconfiar y abrirse a la confianza. En cambio, para la persona que no ve sus fortalezas y aciertos, abrirse a lo que los otros ven en él (capacidad y valor) le permitirá añadir a su auto-imagen esa parte positiva de si que no estaba reconociendo.

Sin duda alguna abrirnos al reflejo de los demás nos acerca a una visión más objetiva y realista de cómo actualmente pensamos, gestionamos emociones, actuamos y nos relacionamos. Cuando lo hacemos, dejamos atrás parte de la auto-imagen parcial y nos acercamos a una versión más realista a partir de la cual seguir construyendo los cambios que generen una vida más satisfactoria. Una de las cosas que hace la Terapia Gestalt es precisamente usar la mirada entrenada del terapeuta para reconocer los condicionamientos, en las distintas formas en que éstos se manifiestan, y en saber acompañar con respeto y cariño a la persona para que logre soltarlos a pesar de las barreras que pondrá, inconscientemente, para justificarse y resistirse al cambio.

Si te apetece dar un paso más en tu desarrollo personal ya sabes lo que puedes hacer. Aprovecha las personas que te rodean para abrirte y escuchar qué te dicen de ti mismo, y quien sabe, a lo mejor, se valiente y atrévete a hacerles caso para liberarte de condicionamientos que te traen dificultades.

Si te gustó este artículo puede que le guste a tus amistades, gracias por compartirlo. Para recibir mas artículos de esta temática, date de alta en nuestro boletín mensual.

La temática de este artículo está relacionada a las sesiones individuales para el desarrollo personal que se ofrecen en Espacio Impulso. Pide un encuentro gratuito.

Fundador y Co-Director de Espacio Impulso
Coach, Terapeuta y Profesor de Yoga.

www.espacioimpulso.es

Comentarios ( 0 )

    Deja un comentario

    Tu e-mail no será publicado. Introduce los campos obligatorios *