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Las cosas no siempre son lo que parecen. La meditación, una práctica tan reconocida y apreciada por miles de personas, no se libra de esta apreciación ya que en ocasiones se medita por razones equivocadas, razones por las cuales no hay que meditar. ¿Quieres conocerlas?

Sentirte especial. Todos somos especiales, únicos e irrepetibles de por sí, cada uno a su manera. Hay personas que por meditar tiene la idea de fondo de que son especiales. Cuando esto sucede y se sienten mejores que los demás, más evolucionados o lo que sea, lo que en verdad están haciendo es alejarse de las personas y crear barreras, en vez de derrumbarlas.

Huir de los problemas personales. Está claro que la meditación puede ayudar en muchos aspectos de la vida, aun así, practicarla con regularidad e ir viendo cómo nos transforma es una cosa, y practicarla como un método de huida para no enfrentar los problemas es otra muy distinta.

Aislarse del entorno. Similar a la anterior pero diferente en sus matices. Ya que en algunas meditaciones se interioriza la atención y se busca un espacio de silencio y vacío, se puede caer en la trampa de querer meditar para aislarse del mundo, sobre todo cuando la persona no sabe gestionar y relacionarse con su entorno de una forma sana y equilibrada.

Experiencias especiales. Durante la meditación se pueden tener experiencias que impliquen escuchar sonidos, ver imágenes, experimentar estados alterados de conciencia, etc. Son experiencias ciertas pero poco frecuentes, que no suceden por voluntad y deseo de uno, sino que simplemente acontecen. El problema está en ponerse a meditar esperando que algo místico o fantasioso suceda, con la consecuente frustración que conlleva y poca comprensión que demuestra.

Está de moda. El mundo de la meditación te llama la atención y te atrae o no lo hace en absoluto. Como he dicho antes, uno no es especial por meditar, así que meditar o no solo es cuestión de una necesidad/curiosidad personal por cubrir que algunos sienten mientras que otros no, así como a algunos les da curiosidad irse de viaje a tierras lejanas mientras que otros no. Meditar porque está de moda (o porque se tienen conocidos que lo hacen), sin que a uno mismo le interese de forma legítima es un acto de cara al exterior que difícilmente da sus frutos.

Todas estas razones se entienden como contraproducentes en la medida que establecen una meta equivocada, donde el objetivo no es sostenible, positivo, ni holístico, ni tampoco generan puentes de unión con lo más profundo de uno mismo ni con el entorno. Aun así, dicho todo lo anterior me voy a permitir una pequeña contradicción bien intencionada: si uno al meditar no puede evitar que algunas de las razones mencionadas le ronde la cabeza y le dirija el deseo, da igual, que medite. Que medite con la mejor entrega a la técnica que realiza, pero que lo siga haciendo con regularidad ya que en ocasiones, con algo de “suerte” con la propia practica se van desvaneciendo las razones erróneas y se van relevando aquellas que son más adecuadas y que intentaré plantear en un futuro artículo.

FIN

La temática de este artículo está relacionada a los servicios de meditación y yoga de Espacio Impulso.

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Fundador y Co-Director de Espacio Impulso
Coach, Terapeuta y Profesor de Yoga.

www.espacioimpulso.es

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